EN EL CORAZÓN DE LA RIBERA DEL DUERO: CASTILLO, VINO Y TRADICIÓN

 EN EL CORAZÓN DE LA RIBERA DEL DUERO: CASTILLO, VINO Y TRADICIÓN

En un recorrido en carretera de dos horas desde Madrid a Pesquera del Duero, Valladolid, transité del paisaje urbano a lo majestuoso campo de vides infinitas y olivares. Llegué a Emilio Moro, una de las bodegas familiares más representativas de la Ribera del Duero en donde tenía una cita para vivir la experiencia del vino en su viñedo, conociendo su historia y su esencia y probando tres de sus vinos en una degustación: El Zarzal, Emilio Moro y La Felisa. Los tres vinos, buenos exponentes de la región, con gran expresividad y carácter.

     Tuve la oportunidad de comer en su restaurante, en donde disfruté de un pulpo a la brasa con patatas que maridé con un Malleolus, un vino potente y estructurado y muy elegante. Todo con vistas a la bodega y de la mano de una excelente sommelier y responsable de Enoturismo de la bodega Belén Sáez, quien me transmitió el espíritu y la esencia de los vinos de la Familia Moro.

     La Ribera del Duero es una de las regiones vinícolas más importantes de España, famosa por producir algunos de los tintos más prestigiosos y de mayor calidad del mundo. Como denominación de origen constituida en 1982, comprende los viñedos ubicados en la Comunidad de Castilla y León dentro de una franja de la cuenca del Rio Duero que es el eje central de la región y por el que recibe su nombre, ahí confluyen las provincias de Valladolid, Burgos, Segovia y Soria.

     La región es rica en patrimonio cultural con numerosos pueblos y ciudades que conservan su encanto y tradiciones como Peñafiel, Aranda de Duero, San Esteban de Gormaz, Peñaranda, Roa de Duero que forman uno de los ejes principales de la ruta del vino y que unen a más de cien pueblos.

     Y fue de regreso a Madrid que no quise dejar de visitar el castillo de Peñafiel, un castillo medieval construido en el siglo X y que como un gigantesco navío yace anclado en la meseta castellana. Desde lo más alto del castillo se ve el caserío, las calles sinuosas y estrechas, donde también se divisan los tres valles: el valle del Duero, el valle del Duratón y el valle del Arroyo Botijas. Esta fortaleza fue declarada Monumento Nacional en 1917 y en la actualidad se ha convertido en todo un emblema para el enoturismo de la Ribera del Duero, pues es sede del Museo Provincial del Vino creado en 1999 con el fin de promover la riqueza enológica de la provincia de Valladolid la cual reúne el mayor número de denominaciones de origen de España: D.O. Tierra de León, Ribera del Duero, Cigales, Toro y Rueda, siendo esta última, la Denominación de Origen más antigua de Castilla y León.

     Con una original propuesta museográfica, el recinto promueve el conocimiento, a través del mundo del vino en sus aspectos culturales, históricos, geográficos y artísticos.

     Es asombroso como su didáctica puede acercarte como espectador a los misterios de la larga y compleja elaboración del vino. Con un atractivo diseño expositivo, recorre, a lo largo de nueve secciones, la historia, mitología, los procedimientos y las herramientas, las botellas y una sección que me pareció fascinante, la de los aromas del vino.

     Un museo bien documentado, entretenido, para todos los públicos y situado de manera privilegiada dentro de gran monumento, hizo la visita increíblemente atractiva acercándonos al conocimiento del amplio mundo del vino, pero también a la historia de este fantástico lugar en la Ribera del Duero.

NATALIA VON RETTEG

FOTÓGRAFA Y WINELOVER

FB/IG: @BenVolere

X: @b_vinos

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