EL PERFUME DEL VINO
Una de las herramientas más poderosas y evocadoras de nuestro sistema sensorial es el sentido del olfato ya que tiene la capacidad de transportarnos a través del tiempo y el espacio, despertando emociones profundas y desencadenando una conexión íntima con nuestro entorno y nuestras experiencias pasadas. Una máquina del tiempo única que ningún otro sentido puede igualar. Cuando inhalamos un aroma, podemos ser arrastrados inmediatamente a escenarios lejanos en el tiempo, despertando recuerdos y viviendo momentos que creíamos perdidos. Y cuando se trata de los aromas del vino, esta máquina del tiempo se convierte en un portal hacia un mundo lleno de historias y sensaciones que se despliegan en cada copa.
Los perfumes del vino son una paleta diversa de fragancias que pueden ser tan complejas como fascinantes. Estos aromas se derivan de una variedad de fuentes, incluyendo las uvas utilizadas en la vinificación, el proceso de fermentación y envejecimiento, así como las características específicas de la región de cultivo.
Existen, por ejemplo, los aromas frutales, uno de los tipos más destacados en el vino y que pueden incluir notas de manzana verde, pera, melocotón, cereza, frambuesa y muchos más. Estos aromas a menudo se asocian con las variedades de uva utilizadas y pueden ser frescos y juveniles o maduros y confitados. También existen los aromas florales, muy presentes en los vinos blancos en los que puedes encontrar notas a jazmín o rosa entre otras, las cuales aportan elegancia y delicadeza al vino.
Las notas herbales, por ejemplo, te pueden recordar el olor al pasto recién cortado y los aromas especiados, presentes mayormente en los tintos, pueden tener notas de pimienta negra, clavo o anís, son aromas que le añaden una exquisita complejidad y calidez al vino.
Así también puedes encontrar el olor a madera, si el vino ha sido madurado en barricas de roble lo más probable es que exhiba notas a vainilla, cedro, tabaco o tostado, éstas últimas son más evidentes en vinos envejecidos.
Si hallas un olor a piedra mojada o a conchas marinas estas ante un aroma mineral y en algunos vinos espumosos y blancos fermentados en barrica puedes descubrir aromas a levadura y a panadería o en vinos fortificados como el Jerez o algunos tintos, pueden aparecer aromas de frutos secos como nueces, almendras o avellanas.
Sabemos que la degustación del vino es un arte que involucra a todos los sentidos, pero es la nariz, la que desempeña un papel crucial en toda la experiencia, pues los aromas que se abren al girar la copa son la antesala de su sabor e influyen en cómo percibimos el vino cuando lo probamos. Esta diversidad de matices olfativos es la que añade complejidad y singularidad a cada botella. Aprender a identificar y disfrutar de estas esencias es parte de la apreciación de la cultura del vino.
En conclusión, entrenar la nariz para identificar los aromas en el vino es una habilidad que puede enriquecer enormemente la experiencia de degustación, pero la práctica es fundamental. Dedica tiempo regularmente a olfatear y familiarizarte con una variedad de olores, no solo los del vino.
Recuerda que la clasificación de aromas en el vino es una habilidad que se perfecciona con el tiempo y la práctica constante. No hay respuestas correctas o incorrectas ya que los olores son subjetivos y pueden variar de persona a persona. Lo más importante es disfrutar del proceso y permitir que el olfato enriquezca tu experiencia de degustación, transportándote a un mundo de sabores y emociones en cada copa. ¡Salud!
NATALIA VON RETTEG
FOTÓGRAFA Y WINELOVER
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